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  • La Pampa. El problema del último bocado
    Hay restaurantes que te obligan a escribir veinte párrafos sobre el concepto, el territorio y la identidad. La Pampa, en… Leer más: La Pampa. El problema del último bocado
  • Casa Farpón: brasas, vino y saber cerrar
    Tres visitas a Casa Farpón: parrilla, producto, una bodega que merece capítulo aparte y un horario que también dice mucho del restaurante.
  • Raíces: precisamente lo que se echa en falta
    Lorena fue a comer con su hermana a Raíces, un local nuevo cerca de Corrida. Mucha atención a la imagen, fotógrafa, decoradora y una idea clara de cómo quiere verse. Pero la mesa estaba sin recoger, la comida llegó desordenada y algunas cosas bastante más básicas todavía estaban por resolver.
  • Ya no hay barra.
    La barra de sidrería fue durante años un lugar para picar, beber sidra y cenar sin demasiada ceremonia. Hoy muchas cartas, precios y ritmos responden a otra lógica. Una mirada a cómo ha cambiado la hostelería asturiana y a lo que se ha perdido por el camino.
  • Casa Baizán
    Una comida de Jueves Santo en Casa Baizán: torreznos, pastel de centollo, jabalí, callos, rabo de toro, chipirones fuera de carta y un comedor llevado con oficio. Salimos preguntando lo único que importaba: ¿prestovos?
  • Ahora tengo una botella pendiente.
    Una recomendación en Coalla cambia la botella elegida y acaba dejando pendiente precisamente la que despertaba más curiosidad. A partir de un ancestral de Rioja, una reflexión sobre el consejo, el servicio por copas y hasta dónde debe llegar el gusto ajeno.
  • El síntoma Redzepi
    Las acusaciones contra René Redzepi sirven para mirar un mecanismo mucho más amplio: la vocación utilizada como coartada para normalizar jornadas abusivas, miedo y precariedad en hostelería. El problema no empieza ni termina en Noma.
  • Un elogio al Centollo
    En nuestro aniversario pedimos un centollo de 1,8 kilos en La Zamorana. Mientras lo abría me di cuenta de que llevo casi toda la vida comiéndolos: desde las Navidades de niño hasta una centollada de cincuenta kilos junto al Rinconín. Ya era hora de dedicarle un texto.
  • La Terraza de Viesques
    Es un restaurante rancio, en el buen sentido. Esa forma de hacer las cosas que ya no sorprende y, sin embargo, sostiene. No vas a celebrar. Pero vas.
  • Valpolicella Classico
    En Cadejo descubrí un Valpolicella Classico sin saber apenas nada de la denominación. Un vino ligero y tenso que me llevó, después, a leer sobre las colinas de Verona y sus muros de piedra seca. A veces el conocimiento llega después del placer.
  • V. Crespo, Gijón — Lo normal es volver
    Un restaurante que ha cambiado lo justo para seguir siendo reconocible, donde el oficio marca el ritmo y la cena sucede sin pedir atención. Comer bien, hablar tranquilo y salir con ganas de dar un paseo. Volver, como siempre.
  • Oricios
    El oricio en Asturias no se entiende solo desde la cocina. Antes están el uso, el precio, la extracción y la forma de vida que lo sostuvo durante décadas. Pensarlo hoy exige asumir una incomodidad: no todo lo que se puede vender debería celebrarse.
  • Txuletones
    Una comida en Vitoria antes de un partido sirve para pensar en el txuletón como gesto antes que como símbolo: carne, fuego, tiempo y relato. De cómo algo sencillo acaba cargándose de palabras, y de lo difícil que resulta sostener lo propio sin convertirlo en espectáculo.
  • Los Guajes.
    Dos comidas, dos escenas parecidas: niños corriendo entre las mesas y adultos que no ponen límites. El texto no va contra los niños, sino sobre convivencia, responsabilidad y algo bastante elemental: poder comer tranquilo.
  • Una mesa de siete en Navaja Concept
    Siete amigos, una mesa grande y un menú que convence sin imposturas. Navaja Concept está en ese punto en el que la cocina ya convence y el conjunto sigue buscando su lugar.
  • Donburi Ramen Bar, Gijón — Un hábito
    Donburi está en la calle Príncipe, en Gijón. Ramen, servicio rápido y un local al que se vuelve porque resuelve bien una comida de diario. No hace falta convertirlo en un destino: funciona, y eso basta.
  • Cervezas Limbo, o beber de otra manera.
    Limbo fabrica su propia cerveza en Gijón y propone una manera de beber con menos ruido, menos prisa y bastante menos ceremonia. Una cervecería distinta sin necesidad de presentarse como algo extraordinario.
  • Gastronomía y hostelería, y viceversa
    Gastronomía y hostelería se tocan, pero no son lo mismo. Una habla de cultura, memoria y formas de comer; la otra, de dar de comer fuera de casa. El problema empieza cuando cualquier servicio necesita presentarse como «experiencia» para parecer más importante de lo que es.
  • La Casa del Fideo Ran — Gijón
    Dos domingos en Casa del Fideo Ran, en Gijón: fideos, arroces, platos sencillos y una cocina asiática que no necesita demasiada ceremonia. Un sitio para comer bien, pagar lo razonable y seguir con el día.
  • Contra el relato de José Andrés
    José Andrés ha construido una figura pública en la que cocina, éxito empresarial, espectáculo y acción humanitaria terminan mezclándose. Este texto discute ese relato y, sobre todo, la facilidad con la que convertimos al cocinero famoso en héroe moral.
  • Casa de Comidas El Piquerón – Gijón
    El Piquerón es una casa de comidas de Tremañes donde siguen funcionando las cosas más sencillas: buenas almejas, calamares de potera, chopa al ajillo, precios razonables y un comedor lleno de gente que ha ido allí, sencillamente, a comer.
  • Restaurante Cayote – Santa Cruz de Tenerife
    Cayote tiene ideas, producto y ganas de hacer una cocina contemporánea, pero durante esta cena casi todo funcionó mejor sobre el papel que en el plato. Sabores sin jerarquía, fusiones poco resueltas y la sensación de un restaurante que todavía está buscando su sitio.
  • El Grupo Paraguas o la estética de lo vacío
    Numa Pompilio, The Library y Ultramarinos Quintín comparten algo más que propietario: una forma de entender la restauración donde el escenario, el precio y el estatus pesan tanto como la comida. Tres visitas y una misma pregunta: cuánto estamos pagando realmente por comer.
  • La importancia del pincho.
    De Galicia al País Vasco, una bebida puede llegar con una tapa gratuita, una ración compartida o un pintxo que se paga aparte. Un recorrido por las barras del norte y por cómo el turismo, los precios y el cálculo están cambiando costumbres que parecían bastante estables.
  • Los Llaureles. La estética de la cuchara.
    Una cena de aniversario en Los Llaureles: menú degustación, acuarelas, fuego, vino y una cocina que utiliza cada plato para contar parte de sus quince años. Entre el concepto y el hambre aparece una pregunta bastante sencilla: hasta dónde puede alimentar también la estética.
  • La semántica de la hamburguesa
    Una hamburguesa vegana durante un viaje por el norte acaba llevando a una pregunta bastante más amplia: qué significan todavía los nombres de lo que comemos y cuánto de ese lenguaje pertenece ya al marketing.
  • Los que sostienen la barra.
    Un viaje a Vitoria y una pregunta que aparece detrás de muchas barras: quién está sosteniendo hoy la hostelería y por qué seguimos hablando de falta de camareros antes que de horarios, salarios y condiciones de trabajo.
  • Cabo Vidio: donde el mar habla y el chef no calla.
    En Cabo Vidio comimos muy buenos calamares, un virrey difícil de mejorar y varios detalles de una hospitalidad poco convencional. Jairo López forma parte inseparable de la experiencia: habla, opina, recomienda y ocupa mucho espacio. La comida merece la visita; la conversación viene incluida.
  • El ruido y la cuchara
    Comer muchos restaurantes no convierte automáticamente a nadie en crítico. Una mirada bastante poco solemne a la gastronomía convertida en contenido, a los influencers, a los “nivelón” y “brutal” y a la diferencia entre contar un plato y limitarse a promocionarlo.
  • La copa.
    Una copa es una herramienta, no decoración. Su forma, tamaño y grosor cambian la manera de beber un vino y también dicen bastante del cuidado que pone quien lo sirve. No hace falta lujo: hace falta usar una copa adecuada.
  • De qué se escribe y de qué no.
    Una reflexión sobre la crítica gastronómica, la distancia necesaria para escribir y la decisión de no convertir ni el favor ni el enfado en contenido. Mirar antes de escribir y saber también cuándo no hacerlo.
  • Ayalga. Una mesa mal iluminada.
    Fuimos a Ayalga para celebrar un aniversario. La cocina funcionó, pero una servilleta que llegó tarde, una lámpara incómoda, una copa sin cambiar y un baño difícil de encontrar acabaron planteando una cuestión bastante sencilla: en un restaurante de este nivel, todo lo que rodea al plato también cuenta.
  • La fabada: memoria de un guiso mayor
    En mi casa la fabada se hacía en cocina económica de carbón, con las fabas y el compango comprados en distintos sitios y sin demasiada prisa. Desde aquella pota hasta Casa Gerardo o Nacho Manzano, una mirada a cómo cambia un plato tradicional sin dejar necesariamente de serlo.
  • Callos, sin discurso.
    Los callos no nacieron para representar nada. Se hacían en casa, se comían en barras y todavía aparecen cuando hace frío y hay tiempo en la cocina. De la receta de mi madre a Casa Ferino, Casa Camacho o La Chabola: callos, sin demasiado discurso.